
Así quise comenzar este sencillo post -mejor dicho- su título. Relatándoles algo de lo que viví este fin de semana loco. Siendo las 11:30 de la noche del viernes y en compañía de los bloggers de Achib,
Roberto Arancibia, Fernando Meza e Ignacio Chehade. Emprendimos viaje rumbo a Concepción, con el fin de llevar un saludo y apoyo moral al amigo y camarada
Marcel Pommiez, que como todos saben sufre las consecuencias de un derrame infame que le afecto hace una semana, y lo tiene bastante complicado. El viaje debió ser tortuoso, largísimo, a no ser por estos individuos orates, que hicieron de las suyas para hacer de la travesía algo más grato y menos doloroso para nuestras delicadas nalgas. De madrugada, pasada las cinco llegamos a la ciudad de Concepción, en donde nos contactamos con nuestra guía turística oficial, Lorena Sáez, quien nos dio las indicaciones para llegar a su departamento y reunirnos.
Agotadísimos, con sueño y algo de frío, esperamos un transporte que nos llevara hasta la residencia de nuestra anfitriona. No antes eso si, de dar muchas vueltas en un taxi bus que deliberadamente -según nosotros- se esmeró en hacernos un city tour interminable por el centro de la bella y silenciosa ciudad. Una vez llegados al lugar convenido, a lo lejos visualizamos a Lorena quien saltaba de alegría y júbilo en medio de la avenida, por nuestra temprana llegada (la verdad no fue tan así) ella nos esperaba tipín 6:30- 7:00 y no tan temprano. Su rostro me hizo recordar una película de asesinatos múltiples.
En fin, dados los abrazos, tomados los cafés y hablar hasta por los codos, organizamos el itinerario de nuestro día, el cual comenzaría URGENTEMENTE en un restaurante del centro (Mamut creo que se llamaba) donde saciaríamos un hambre descomunal que en algunos (Chehade) ya hacia estragos (hablaba en tercera persona). Posteriormente, emprendimos rumbo al Sanatorio Alemán para reencontrarnos con nuestro amigo, lo cual obviamente era lo relevante de nuestro viaje. Una vez allí, nos encontramos con un cartelito no muy grato y preocupante que nos señalaba que las visitas estaban prohibidas (la verdad era un detalle, con o sin cartel hubiésemos entrado igual), pero ello no fue necesario ya que raudamente nos indicaron que Marcel estaba siendo evaluado por su médico y que en unos minutos podríamos entrar a su habitación.
Al momento de entrar, sentí algo en el estómago y no era –aclaro- por la cantidad cerda de alimentos ingeridos en el desayuno, menos resultante de una instantánea digestión. La verdad ello mas bien obedecía al nerviosismo de la situación, temía que todo lo que se nos había informado sobre él fuera poco, y que al entrar la impresión nos hiciera alguna mala pasada. Nos abrieron la puerta, ingresamos y el estaba ahí… recostado sobre su cama, algo más delgado de lo que de costumbre -producto del tratamiento- con una larga barba y… un “hola compadre” que a dios gracias, salió de su boca, rompió el silencio, y nos sacó el habla a todos.
Lo primero que se me vino a la cabeza fue analizar la vitalidad de este bandido, más si consideramos la gravedad de lo sucedido, y su temporal situación de movilidad, ello en ningún momento fue limitante para acomodarse de un lado a otro, sentarse, recostarse, hablar como loro y preguntar por todo, mejor dicho, por todos. En fin, llegue a dos conclusiones… 1- Está cien por ciento lúcido y mareador como siempre, “esta normal”.2- Es marciano, su vitalidad y deseo no es definitivamente terrestre. Bastaba con verle preguntando por todas las blogeras e insistentemente tocando el timbre de alerta para mostrarnos las bonitas enfermeras que asisten a sus reiteradas llamadas.
¡Quédate tranquilo mierda!, fue lo primero que me salió, luego de darle un doblado e incomodo abrazo. Cosa que no duraría mucho, ya que al rato seguía con sus contorsiones y pidiendo una y otra cosa (de hecho ya se ha caído un par de veces de la cama, según supimos). Más calmo, Marcel nos relató con detalles lo que vivió durante los primeros instantes, en donde conciente y en el suelo, evidentemente incapaz de caminar, se arrastro en punta y codos hasta su celular para pedir ayuda. Peor, como que todo conspiró para hacer la situación mas desesperada, sus padres tenían el celular apagado como así también otros contactos a los que recurrió. A dios gracias uno de esos contactos, respondió y pudo recibir prontamente asistencia.
Ello sinceramente nos emocionó, leerlo ya impacta, imagínate cuando lo escuchas directamente de la persona que lo vivió. Te preguntas ¿por qué la vida es así?, no conforme con ello, se esmera en hacer que todo sea mas complejo aún… no obstante atiendes que a pesar de ello, uno saca fuerzas de no se donde y lucha por salir adelante y en este caso incluso sobre vivir. Recuerdo este relato y me cuesta seguir escribiendo, por alguna razón lo asocio a lo que viví con mi hijo menor, la situación me supera y me hace emocionar.
Llego el momento de retirarse, el sentimiento de todos los que estábamos ahí era extraño. Ciertamente no queríamos irnos, por otro lado necesitábamos tomar aire y tratar de digerir todo esto. De alguna forma sientes que dejas algo, sabes que lo que se viene para él es duro, y por cosas de distancia no podrás seguir aportando aunque sea con algún chistecito o palabra de aliento, que ayude a hacer mas grato el trance. Que curioso después de todo lo hablado, reído, viajado…ahora era todo silencio. Nos retiramos del lugar y nos llevamos el recuerdo de lo vivido ahí. El sacrificio valió enormemente la pena, Marcel quedó contento, nosotros más. Con ese particular sentimiento de que hiciste algo bien sin esperar nada. Concepto básico y simple que te hace entender que hoy eres un poco más humano.
Hoy nos reencontramos con un amigo, mejor, nos reencontramos con nosotros mismos, un viaje lleno de matices, de alegría, tristeza y reflexión. Seguimos el itinerario, tomamos once y luego a hacer hora para seguir viaje… Llegamos a un Pub, se nos unió Lorena Ortiz, tomamos nuestras copas y brindamos por Marcel, por nosotros, ¡por la vida! Una extrañísima, que te acoge y a veces no, te brinda la posibilidad de existir y atender sus curiosos mensajes, a coexistir con otros muy distintos, especiales, de los cuales aprendes y te llenas de sus experiencias. Una a la cual agradeces una y mil veces, por darte salud, familia y amigos que hacen de ella algo muy grande, algo que incluso esta por sobre las diferencias. Una que por aferrarte a ella te hace si es preciso… andar en punta y codo.