“Súbete”, vamos rápido, pronto cerrarán, me dijo histérico mi primo… Abriéndome la puerta de su automóvil, (auto que por cierto nunca supe que tenía) era un hyundai modelo accent del año 97. (El que después supe era del hermano menor de mi padre)
Arranco el motor, acelero cual piloto de carreras en pits, ajustó su cinturón de seguridad…yo el mío (indescriptible la cara de velocidad del breas) embriago metió el cambio y salimos hechos una…Mierda, (la verdad no, mas parecíamos tortuga con epilepsia…lento y a saltos)
Pueda ser que la monja aún este ahí, dijo… el muy idiota que, sin darse cuenta iba con las luces apagadas en plena avenida, una de doble transito y que parecía boca de lobo de oscura.
Relájate le dije…llegaremos a tiempo, y por favor prende las luces que no quiero morir besándole el radiador a algún bus… ¡ah chutas! no me había dado cuenta (les dije que era un idiota)
Aún recuerdo cuando en las vacaciones de verano, a mi padre no se le ocurrió mejor idea que llevarlo a trabajar a la empresa.
Unos días…muy aburridos, siendo casi la hora de cierre se nos vino a la cabeza desconectar el automático de la luz, Pasarle una caja para rodamientos, algo de efectivo y mandarlo a comprar luz industrial (5 Kg.)
Él muy hábil como buen hijo de militar, partió raudamente a cumplir su encomendada misión, la que por cierto fue opacada bruscamente por mi padre que…
En la mitad de la cuadra le encontró y le consulto donde iba. (Nos metieron rimbombante luma)
¡Falta poco primo!… me dijo con cara de velocidad y un evidente estrés, (bueno era entendible no hace muchos minutos se llevo la impresión de su vida al ver a mi abuelo tirado muerto en el baño a raíz de un fulminante ataque cardiaco)
La idea de este grato viaje, era programar el traslado de la urna con el cuerpo de mi fallecido abuelo desde su casa hasta la capilla de la iglesia.
El aire empezó a ponerse algo denso dentro del auto, empecé a mirar por todos lados un tanto preocupado, pensé en un momento… que quizás donde el auto era viejo su escape pudiera estar filtrando gases al interior, sumado a las constantes aceleraciones sin cambio y frenadas bruscas de su piloto, esto podía ser perfectamente posible…¡pero no!
Producto de la prisa el estrés y la evidente poca destreza del piloto…Este siquiera se percato de retirar el freno de mano de vehículo, lo cual hacia que no solo el vehículo anduviera como tortuga con epilepsia, a saltos… si no también, producto del roce discriminado de este, producía una grata fragancia a ¡pelo quemado!
“primo” le dije… ¿quieres que nos incendiemos? Apuntándole la palanca de freno de mano, ¡xuxa! me dijo…y rió, pensé que lo había sacado…término por decir y siguió conduciendo sin la menor complicación.
…No se donde tengo la cabeza compadre, me respondió al cabo de un rato, (yo si sabia, de hecho este huevon jamás ha tenido “cerebro”), mientras recordaba otra broma que le gastamos en la empresa.
Era día de inventario…y llegamos a una serie de rodamientos que tenían bastantes años en las bodegas, producto de ello, el deterioro de los envases era evidente por el paso del tiempo, por ende los rodamientos habían perdido esa grasa de impermeabilización que traen, cosa que es solucionable dándoles un bañito ¡poco de aceite!…. ¡Pero no ¡ al bodeguero no se le ocurrió nada mejor que pasarle 5.00 pesos y mandarlo a la ferretería de la esquina a comprar dos kilos de “grasa en polvo” especial para rodamientos.
Cuando escuche al jefe de bodega decirle tamaña barbaridad…me escondí tras unas estanterías del fondo… casi llorando de la risa, por la brillante iniciativa del colega.
Nuevamente nuestro genial personaje, raudamente partió en esta misión, llevándose la sorpresa de su vida, ya que el vendedor de la ferretería reacciono muy mal frente a su curiosa compra, de hecho salio a paso acelerado de la ferretería por temor a unas buenas ¡nalgadas! gratuitas del funcionario de esta.
Al llegar a la iglesia nos bajamos rápidamente, entramos por una puerta lateral del recinto, caminamos por un pasillo largísimo hasta llegar a una casita en el interior alumbrada tenuemente por una ampolleta. Golpeamos la puerta y sale la monjita en cuestión…
Una vez descansados de poder cumplir con nuestro cometido, regresamos tranquilamente al auto, cuando de pronto el piloto se toma la cabeza y me mira diciendo, ¿No sacaste tu las llaves?
De vuelta en casa de mi abuelo, nos estacionamos, cerramos el auto con mucho cuidado de no dejar las llaves nuevamente adentro. Me agradeció por haberle acompañado, a lo cual respondí…amablemente diciendo ¡vale!…luego el se dirigió hasta donde mi tío (el dueño del auto) y le entrego las llaves…diciéndole, ahí esta tío, sano y salvo.
Fin.